Por: Cristian Madrigal
Entonces, mi andar es el de la roca
Y hoy estoy aquí, a la espera de tu pura, suave mano que aliviana mi dureza. Bienvenidos somos al certamen de la existencia: ábrete inmune como caverna. Ve cómo he descendido cual meteoro hasta los campos sabaneros donde ahora pastan los toros y las vacas; y cómo siglos ha que se deshacen mis bordes de tierra muda para convertirse en tus formas marmolinas. Entonces, mi andar es el de la roca maleable a tu ligera alma pura y sanguinaria.
Y vuelvo a entregarme a este silencio
Escribo cada palabra con ritmo encorazonado Y me lleno de espíritus la boca Para no discurrir en monodia y silabeo…
Canto lo que el aire, No lo que del cisne, en el lago, dijera el Poeta hacia El espacio… Silbo y aplaudo las consonantes de tu nombre en este Baúl universal Donde todos mis órganos se palpan a sí mismos Desde el sol hacia el fonema.
Y vuelvo entregarme a este silencio Donde retoman más cuerpo el viejo nombre de las Cosas; donde los endriagos toman forma
Y los paisajes se ciernen sobre una copa de ron puro.
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