Por: Álvaro Cruz
sangarrafa@gmail.com
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Esta palabra no muerde. Esta palabra apenas y se escribe ¿Contra quién se escriben los poemas? ¿Que hacen los poetas Buenos publicistas? Ni siquiera hay escritorio Y hasta los mundos Todavía no nacidos Sirven de oficina. Pero, y esta palabra, esta, No estremece la prensa No es la prensa. No sé si los poderosos Aún compren poetas, Y dije bien, poetas, Porque el poema es incomprable. Eso lo saben el polvo en los rincones Y el hedor penetrante de los muertos. No sé si aún los poderosos tienen poetas. Lo que sí sé es que ser poeta Es como aprender a silbar: Nunca se vuelve a estar solo. Silvar es otra forma de morir. La soledad tendrá que ser La ausencia de poemas. Lloramos los poetas por nostalgia, Por el vicio vil de la decencia. ¿Quién se atreve a llorar un poema? No lloramos aquí por las llaves del pueblo, El polvo en las sandalias nos alcanza. Un capataz ayer compró treinta poetas, Los versos ya empezaron a comerse las cosechas.
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Mis pies jamás te pisarán, Colombia, Tierra prometida de nadie, Tierra escrita en los párpados De un cuervo blanco Y águilas negras. Tierra toda oro, toda yerma. Cabe tanta sal en tus olvidos. Ni siquiera abres los ojos Mientras comes a tus hijos. En tus ríos de muertos Que se ríen del agua. ¿A dónde podrán llevarte Tus alas de plomo? Tu pico de papel Te mata de hambre. Las pulgas que tienes por plumas Te sacaron los ojos. Quiebras tus huevos Para guarecer tus pulgas...
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